Martes, 15 Octubre 2019
Medipress

Edvard Munch. Arquetipos

Dom, 03/01/2016 - 00:41
Obsesión por la vida, el amor y la muerte
  • Del 6 de octubre de 2015 al 17 de enero de 2016
  • Museo Thyssen-Bornemisza
  • Paseo del Prado 8. 28014, Madrid.
  • Horario: de lunes a domingo, de 10 a 19 horas; sábados, de 10 a 21 horas. Último pase una hora antes del cierre.
  • Tarifas: Exposición temporal: 11 euros.

Por Eva Llorente

El Museo Thyssen-Bornemisza presenta la primera exposición del pintor noruego en Madrid desde 1984. Organizada con la colaboración del Museo Munch de Oslo, la muestra reúne una selección de ochenta obras del artista, hoy considerado uno de los padres del arte moderno junto a Cézanne, Van Gogh y Gauguin.

Las últimas publicaciones y las más recientes exposiciones han logrado liberar a Munch de muchos de los estereotipos a los que se ha visto sometido, para mostrarle no solo como símbolo universal de la angustia y la alienación del hombre moderno sino, sobre todo, como un creador esencial en la formulación de la sensibilidad artística contemporánea. Comisariada por Paloma Alarcó y Jon-Ove Steinaug, Edvard Munch. Arquetipos se propone seguir esa senda, centrando la atención en los aspectos más desconocidos de su fuerza creadora y en su capacidad de sintetizar las obsesiones del hombre contemporáneo. Si bien Munch nunca abandonó la figuración, sí rompió con el mundo visible y exploró la dimensión espiritual oculta de la realidad para, a través de un innovador lenguaje plástico que evolucionó desde el simbolismo al expresionismo, inmortalizar plásticamente los temas más universales sobre la vida, el amor y la muerte.

“A contrapelo del estilo moderno”

El arte de Munch surge de una peculiar mezcla de tradiciones artísticas, corrientes literarias progresistas y especulaciones esotéricas para crear toda una mitología de los tiempos modernos y con una firme actitud de experimentación, “a contrapelo del estilo moderno”, como solía decir. Valiéndose de arquetipos, imágenes primigenias de comportamientos humanos, Munch logra establecer múltiples relaciones entre los signos externos del mundo físico y la dimensión espiritual más oculta. Obsesiones existenciales como el amor, el deseo, la ansiedad, los celos, la enfermedad o la muerte, y estados de ánimo como melancolía, soledad o sumisión, se muestran en su obra a través de la actitud corporal de los personajes.

“El arte surge de la compulsión del ser humano de comunicarse”

Con esas imágenes directas, dramáticas e intensas, que atraen y mantienen la atención, el pintor busca interpelar al espectador. De ese anhelo por llegar al mayor número de personas es de donde surge otro de los aspectos esenciales de su obra: la repetición obsesiva de secuencias temáticas.

Una larga y prolífica carrera

La exposición reúne un total de ochenta obras, muchas de ellas nunca antes expuestas en España, que abarcan toda la larga y prolífica carrera del artista noruego. La distribución en salas se articula en torno a ese amplio catálogo de arquetipos emocionales (melancolía, amor, muerte…) y a los distintos escenarios en los que están representados (la costa, la habitación de la enferma, el abismo, el bosque, la noche, el estudio del artista).

Melancolía

Contagiado del impresionismo y sobre todo del simbolismo, Munch se aleja de las tendencias naturalistas en las que se había formado. Junto a algún paisaje temprano pintado al aire libre, este espacio reúne obras clave para comprender la futura evolución del pintor, como Atardecer (1888), en la que su hermana Laura, que luego sufrirá una enfermedad mental, aparece sola y ensimismada. A partir de ahí, se produce una reducción formal del paisaje y los rostros de los personajes van perdiendo sus facciones.

Muerte

El pintor consideraba el desmoronamiento físico y mental como un estado en que la imaginación estética podía superar las limitaciones de la razón y dar lugar a la experimentación. “Casi todo lo que hice a partir de entonces tiene su origen en esta pintura”; La niña enferma y sus múltiples variaciones, tanto en pintura como en grabado, son la personificación del sentimiento existencial de miedo a la muerte, y muestran ese proceso creativo abierto en el que cada versión “añade a su modo algo al sentimiento de la primera impresión”.

Pánico

Munch tenía pánico a las multitudes y sentía la ciudad de una manera traumática, como un lugar de estrés y agitación donde el hombre se veía sometido a múltiples experiencias Negativas. La versión litográfica de El grito presente en la exposición contiene todos los elementos de angustia existencial de la obra original, en el que un bello lugar de esparcimiento se transforma en escenario de la desintegración y destrucción de un orden racional, y la siniestra figura con cabeza en forma de clavera y su mueca de terror busca desesperadamente nuestra mirada, mientras se tapa los oídos para no escuchar el grito estridente que le rodea.

Mujer

Munch convirtió a la mujer en el centro de su universo pictórico. En Mujer (1925) están representadas tres etapas vinculadas al proceso biológico de la vida sexual femenina: la femme fragile, la femme fatale y la mujer madura. Una síntesis de su concepción de la mujer en torno a esos dos arquetipos contrapuestos que se repetirán a lo largo de toda su obra: la mujer idealizada (femme fragile) y demonizada (femme fatale).

Melodrama

El teatro de Ibsen y de Strindberg influyó en la composición de algunas pinturas del artista noruego, como queda patente en la serie La habitación verde. Los personajes parecen estar en un pequeño escenario, convertidos en actores que se mueven frente a nosotros con expresiones distorsionadas de ansiedad y dolor o en actitud introspectiva. El espacio es asfixiante, con un interior recargado, decorado con papel pintado y muebles demasiado grandes, incrementando la sensación de claustrofobia.

Amor:

En la mayor parte de las representaciones del amor en la obra de Munch hay un cierto deleite en ese lado oscuro del sentimiento. Es el caso de El beso, del que se reúnen varias versiones en esta sala y cuyos personajes entrelazados van perdiendo progresivamente su identidad, desde las composiciones más tempranas en las que aparecen las dos figuras besándose con pasión junto a una ventana, hasta la total simbiosis de los amantes en una forma abstracta de las versiones gráficas.

Nocturnos:

Partiendo del paisaje como reflejo de la tensión emocional, las escenas nocturnas de Munch acentúan más aún su contenido psíquico gracias a todo un repertorio de signos, como sombras, árboles o rocas, que se interponen entre la visión y la percepción sensorial, entre el mundo exterior e interior.

Vitalismo

Edvard Munch regresa a Noruega en 1909 tras un largo exilio voluntario en Francia y Alemania. Un sentimiento nacionalista y de armonía, y una voluntad de replanteamiento artístico, dieron lugar a una nueva etapa creadora que le llevó a centrarse en motivos plásticos más terrenales y a realizar unas obras más heroicas y vitalistas, con un estilo colorista y monumental y nuevos motivos, como el trabajo de la tierra, las escenas rurales o las estaciones del año.

Desnudos

Convertidos sus personajes en la personificación de pasiones y sentimientos, Munch utiliza el cuerpo humano para formular esas emociones, por lo que muchas de las figuras desnudas que aparecen en sus cuadros poco tienen que ver con el problema pictórico de la representación del desnudo. Sin embargo, en las obras con figuras aisladas, pintadas a menudo a partir de modelos de estudio, Munch juega con las dos cualidades corporales óptica y táctil propias del desnudo, priorizando la belleza sensual y convulsa del cuerpo frente a las emociones.