Sábado, 14 Diciembre 2019
Medipress

Kristin Scott Thomas

Mar, 15/01/2019 - 12:53
Una profesora intransigente en La clase de piano

Kristin Scott Thomas interpreta el papel de una intransigente profesora en La clase de piano, un drama romántico que habla de oportunidades, de música, de amistad y de amor. Una película con una sensibilidad especial dirigida por Ludovic Bernard, en cuya filmografía habitan títulos como El ascenso (2017) y Misión País Vasco (2017).

La historia de La clase de piano comienza cuando Pierre, director del Conservatorio de Música de París, escucha a Mathieu tocar el piano en una estación de tren, enseguida reconoce su excepcional talento. Un día, Mathieu acaba en la cárcel por un robo menor y solo Pierre consigue sacarle a cambio de que haga servicios comunitarios en el Conservatorio. Sin embargo, el director tiene otra idea en mente para el joven: quiere que perfeccione su técnica y participe en la competición nacional de piano. El nuevo alumno tendrá entonces que lidiar con las clases de la intransigente “Condesa”, mientras se enamora de su compañera Anna.

¿Qué le motivó a aceptar este papel

Ya había visto El ascenso, de Ludovic Bernard, sin conocerle de nada y me quedé impresionada por la puesta en escena. Y, sin embargo, ya había trabajado con él en la época en que fue ayudante de dirección. Cuando lo vi en un café y lo reconocí, me dije que era una señal.

¿Qué piensa del guion?

Me ha parecido emocionante y cautivador, tiene todo para ser una buena película. Me emocionó la historia de un muchacho que tiene un gran talento, pero que no tuvo acceso a una educación musical. Es un cuento, una historia que recuerda a las películas americanas de la época, en las que un joven pobre sale de su barrio y triunfa en la vida. Evocaba los sueños que cada uno tenemos.

Al principio, puede parecer que la condesa es un personaje muy frío y distante, pero se entiende que ella, en el fondo, es muy empática...

¡Exacto! Es una mujer que infunde temor porque está, en mi opinión, frustrada por ser profesora. Conozco a mujeres así. Y, de repente, conoce a este chico tan diferente al resto de sus alumnos y que tiene otra relación con la música: es sensible a lo que siente, a lo que emana de él. Ella reconoce sin tapujos que sus alumnos son músicos muy aplicados, pero con falta de sensibilidad, mientras que en Mathieu ve un don innato lleno de emoción. Ve en él lo que ella no posee y que fue lo que le faltó para tener una gran carrera como pianista. Con todo, creo que no es muy dada a la pedagogía, hay profesoras que nacieron para enseñar, yo creo que la condesa no es una de ellas. Está frustrada y llena de rabia interior y si aprecia al muchacho es porque se atreve a decir y a hacer las cosas que ella nunca se atrevió.

No está tan convencida como Pierre de que Mathieu pueda triunfar porque, aunque le ve potencial, lo considera poco trabajador. ¿Qué le hace cambiar de idea?

Yo creo que, cuando ella duda, en el fondo duda también de sí misma porque se arriesga a perder el respeto de la dirección de conservatorio y de hacer el ridículo. Sabe desde el principio que será complicado porque Mathieu no tiene base alguna, y además es un riesgo enorme para su reputación. Su personaje es muy interesante: es una mujer de unos cincuenta años, con una vida hastiada y desilusionada. Mathieu lo cambia todo y le llena de dinamismo: ella descubre que su talento es innato y que tiene un oído increíble y accede a ayudarlo. Y, de repente, le da un vuelco a su vida, aunque en algunos momentos tenga dudas al respecto. Creo que Pierre es más luchador que ella porque él no tiene el mismo sentimiento de haber fracasado.

¿Por qué está tan unida a Pierre?

Creo que tienen una complicidad muy fuerte, una amistad duradera: quizá fueron juntos al conservatorio. Y, a pesar de su fatiga y de su amargura, es consciente de lo que han vivido y es fiel a lo que les une.

Ya había trabajado con Lambert Wilson en Suite francesa. ¿Le ayudó aquello a entenderos mejor?

No tuvimos ninguna escena juntos en esa película, pero me ofreció un papel de teatro en 2001 donde interpreté a Berenice bajo su dirección. Aquello nos acercó muchísimo y nos entendimos muy bien. ¡Hay actores con los que me encanta actuar y él es uno de ellos! Nuestras personalidades engranaron muy bien en el rodaje, todo funcionó de manera natural y sincera. Fue muy agradable.

¿Y qué piensa del joven Jules Benchetrit?

Es alucinante. Cuando vi la película, me quedé impresionada. Le intimidé un poco porque me preocupaba mucho por mi personaje, pero pronto nos hicimos amigos. Es muy dulce, muy gentil y está lleno de sorpresas, tiene algo dentro de él que no sospechábamos cuando lo conocimos por primera vez.

¿Cómo ha sido su entrenamiento con el piano?

Hay que trabajar, ensayar, ensayar, ensayar y esforzarse. No es nada fácil: me gusta la música y me siento un poco culpable de no serle fiel a los músicos ni a la música, pero yo hago comedia. Me gustan las apariencias, me gusta fingir. Fingir ser una mala o buena profesora, fingir ser querida o ser odiada.

¿Cómo es la forma de dirigir de Ludovic Bernard?

Es muy agradable sentir que controla el plató como un capitán su barco. Sabe perfectamente dónde colocar la cámara y tiene una idea muy clara del plano que quiere. Además, nos deja mucha libertad para seguir nuestro instinto dentro del plano que él ha decidido. Es muy motivador y su entusiasmo es contagioso: le brillan los ojos cada vez que dice: “¡Corten!”. El plató era una fiesta y rodamos bajo la atenta mirada de Jennifer, la profesora de piano y de Harry, el compositor. Fue un trabajo de equipo, eso es lo que me gustó. Espero que la película motive a los niños a estudiar piano.

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La clase de piano