Sábado, 15 Junio 2019
Medipress

Claire Denis

Mar, 15/01/2019 - 12:27

High Life

Director: 
Claire Denis
Intérpretes: 
Robert Pattinson, Juliette Binoche, André Benjamin, Mia Goth, Lars Eidinger, Agata Buzek, Claire Tran
Distribuidora en cines: 
Karma Films
Estreno en cines: 
08 de Febrero de 2019
Directora de High life

La directora de culto Claire Denis firma High life, una obra existencialista protagonizada por Robert Pattinson y Juliette Binoche. La cineasta francesa irrumpe en el género sin frenos ni concesiones con la ayuda de un elenco de actores internacionales en estado de gracia. No es ciencia-ficción. No es cine de autor. Es mucho más.

¿Cómo surge el proyecto High life?

Hace tiempo un productor británico me preguntó si quería participar en una serie de films titulada Femmes Fatales. Al principio no me interesó, pero, después de pensármelo, acepté. Pasaron años hasta que el proyecto tomó vuelo. No había dinero. Se tardó 6 ó 7 años en fraguar una coproducción entre Francia, Alemania, Polonia y, finalmente, Estados Unidos.
Durante ese tiempo fui a Inglaterra y Estados Unidos a reunirme con actores. El actor con quien soñaba para que interpretara a Monte, el protagonista, era Philip Seymour Hoffman, por su edad, su aspecto cansado, pero murió a medio camino, lo que me colmó de tristeza. Entonces el director de casting escocés me dijo: “Hay otro actor con quien tienes que reunirte sí o sí: Robert Pattinson”. Al principio, pensé que Robert era demasiado joven y, tengo que admitirlo, me intimidaba su belleza. Mientras tanto, me reuní con Patricia Arquette en Los Ángeles para el papel femenino protagonista, la Dra. Dibs.

Robert Pattinson estuvo presente en casi todas las reuniones, discreto, encantador, misterioso. Mientras lo observaba de reojo, empecé a sentirme más y más incómoda. Por supuesto que lo conocía. Como millones de cinéfilos, había visto los cinco episodios de la saga Crepúsculo, donde hace el papel de un vampiro. Pero lo que más me fascinaba era la pareja que formaba con Kirsten Stewart. Recuerdo una escena en especial, cuando Kirsten Stewart le dice que acepta que sea un vampiro. Él le contesta: “No, no quiero… no puedo hacerte daño”. También lo había visto en las dos películas que rodó con David Cronenberg, Cosmópolis en 2012 y Maps to the Stars en 2014, y por lo tanto sabía que era capaz de interpretar a diferentes tipos. Una noche en el hotel de repente me dijo que era estúpido que continuara buscando a un doble de Philip Seymour Hoffman. De golpe vi claro que Robert sería Monte. Con Jean-Pol Fargeau escribí un primer borrador de la película y lo hice traducir para Robert. Después de esto, las cosas fueron mucho más fáciles. Robert vino a París, cenamos juntos, hablamos… Todo perfecto. A veces decía que no acababa de entender el guion, que no estaba seguro de lo que yo quería. Tenía la sensación de que le daba miedo la castidad de su personaje. Pero Robert siempre estaba presente. Más que “presente”: era un miembro activo, siempre disponible. Su “sí” para hacer la película fue un “sí” absoluto. Y continuó demostrándolo durante el rodaje en Colonia, Alemania. Algunas personas podrían pensar que una estrella como él pediría un jet privado para pasar los fines de semana en Londres. ¡Nada de eso! Se quedó en Colonia durante todo el rodaje. Cenaba con todo el equipo no porque estuviera aburrido sino porque quería estar implicado al cien por cien. En la Agencia Espacial Europea de Colonia se entrenó como astronauta como todos los demás actores. Incluso probó un rato dentro de una máquina que creaba ingravidez. Es una persona maravillosa con la que trabajar.

¿Y Juliette Binoche?

Se unió al proyecto más adelante. Habíamos trabajado juntas en mi anterior película, Un Sol Interior. En mayo de 2017, debutábamos en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes cuando Juliette me preguntó: “¿Es cierto que te has quedado sin actriz protagonista?”. Era verdad. Se suponía que empezaríamos a rodar HIGH LIFE en septiembre y Patricia Arquette estaba comprometida con la serie Medium, en la que interpreta al personaje principal. Así que Juliette simplemente dijo: “Bueno, si quieres que lo haga yo, creo que puedo”. Quiero insistir en que no veo a Juliette para nada como a una sustituta. Nos entendimos increíblemente bien en Un Sol Interior. Es un verdadero prodigio de la naturaleza, con los pies en la tierra, sólida. Pero aún tenía muy vivo el recuerdo de Patricia Arquette. Necesitaba reinventar el personaje en mi cabeza. Así que para la Dra. Dibs –una especie de Strangelove del espacio, un poco demente y peligrosa– propuse que Juliette llevara el pelo azabache muy largo. Continuaría creciéndole durante todo su viaje interestelar. A Juliette le gustó la idea. Esto me permitió imaginar a una Juliette distinta de la que habíamos creado para Un Sol Interior, pero igual de creativa e inventiva. Casi una nueva Eva.

¿Cómo te planteaste la presencia de los demás actores?

Lo que los une es que son un grupo de delincuentes, miembros de la comunidad de hombres y mujeres en el corredor de la muerte. A cambio de la presunta libertad, aceptan ser enviados al espacio para ser utilizados como cobayas en experimentos más o menos científicos relacionados con la reproducción, el embarazo, el parto, todo ello bajo el estricto control de un doctor que también tiene un serio historial criminal. Es una cárcel en el espacio, un penal en el que los internos y las internas son más o menos iguales. Una especie de falansterio donde nadie da realmente órdenes, ni siquiera la doctora, cuyo trabajo es recoger esperma como una abeja reina. La abeja reina es la responsable, pero la líder real, la única comandante en jefe absoluta e imperceptible, es la propia nave espacial, programada para llevarlos a un agujero negro, al infinito, a la muerte. Lo que todos estos hombres y mujeres tienen en común es el inglés que hablan. Es el único idioma internacional, junto con el ruso, que se habla en la actualidad en misiones espaciales. Aunque pronto se empezará a hablar chino en el espacio. El inglés –o más exactamente el inglés americano que se habla en la película– sirve para otro propósito. Quería que los espectadores recordaran un país donde aún existe la pena de muerte, como ocurre en ciertos estados de EE.UU.

¿Así pues solo personajes reales, nada de extras o pequeños papeles?

¡Exacto! Había visto a André Benjamin (Tcherny) en una película biográfica sobre Jimi Hendrix, que no esperaba que realmente funcionara. Creía que ningún actor podía estar a la altura de la leyenda. Pero cuando lo vi, pensé que André Benjamin estaba estupendo. Su interpretación es un gran riff sobre Jimi Hendrix. Fui a verle a Atlanta y aceptó. Había visto a Agatha Buzek (Nansen) en varias obras dirigidas por su compatriota polaco Krzysztof Warlikowski. Su maestría me dejó pasmada. También vi a Lars Eidinger (Chandra) en el teatro. Había trabajado mucho con Thomas Ostermeier. Es una estrella del teatro alemán. Necesitaba a alguien como él: rudo, brutal, gigantesco y al mismo tiempo frágil. Mia Goth (Boyse) era la jovencita de Nymphomaniac: Vol. II de Lars von Trier. Me gustó su juventud, su belleza, y quería que probara algo diferente: una especie de determinación obstinada. Y también están Claire Tran (Mink), Ewan Mitchell, (Ettore), Gloria Obianyo (Elektra) y Jessie Ross (Willow). Todos ellos son maravillosos individual y colectivamente. De hecho, podría decir lo mismo de todos ellos: jóvenes rebeldes, rotos.

¿Y el bebé?

¡El bebé es muy importante! Se llama Scarlett. Es inglesa. Es la hija del mejor amigo de Robert Pattinson, Sam. Crecieron y fueron a la escuela juntos. El rodaje estaba a punto de empezar y no conseguía encontrar al bebé adecuado. Un día Robert me dijo: “¿Por qué estás haciendo castings de bebés a diestro y siniestro cuando yo sé de uno que sería perfecto?”. Todos nos quedamos embelesados cuando vimos a Miss Scarlett, tan rolliza, tan encantadora. No es tan difícil hacer una película con un bebé. Respetamos sus horas de descanso, de comer y sus lloriqueos. Nos acoplamos a sus ritmos y rodamos, más o menos en silencio, casi de forma invisible, gracias a la delicadeza y elegancia del director de fotografía, Yorick Le Saux. Y es increíble ver cómo Willow aprende a caminar en el corredor de la nave espacial, porque eran realmente los primeros pasos de Scarlett, y los daba delante de una cámara. Al final de la jornada estaba haciendo gorgoritos y caminando felizmente. Es una de mis escenas favoritas, aquella en la que vemos en el rostro de Robert Pattinson que su belleza no entorpece su bondad. O mejor dicho, que su bondad es algo bonito de ver. Robert nunca había cambiado pañales o dado de comer a un bebé con una cuchara, pero ¡seguro que le cogió el gustillo con la pequeña Scarlett!

Los personajes se presentan como hombres y mujeres sin un pasado.

Existía una versión previa del guion en que se hacía referencia a sus vidas anteriores. Pero consideré que saber demasiado se volvía muy aburrido. Así que decidimos no “sobreficcionar” a los personajes: probablemente todos han cometido crímenes terribles, pero no es lo que importa. Su historia, colectiva o individual, sucede en el presente y, ¿quién sabe?, en el futuro, incluso si para la mayoría de ellos el futuro tendrá la forma de un cementerio bajo las estrellas. Los vemos a todos ellos como una comunidad contemporánea, utópicos, hippies de un tipo especial, que han pasado de centros de detención para jóvenes a cárceles y que no quieren vivir en ninguna otra sociedad que no sea la suya.

Y sin embargo hay un flashback en la película que podría considerarse aclaratorio.

La escena se rodó en el techo de un tren en la frontera entre Polonia y Bielorrusia. En este tren hay polizones, vagabundos, algunos de los cuales podemos reconocer de la estación espacial. ¿Es este su pasado? No estoy seguro. Para mí, es más una alusión melancólica que puede evocar no solo En la carretera de Kerouac sino también aquellos convoyes de forasteros e inadaptados que cruzan los Estados Unidos de este a oeste. De hecho, esa escena se rodó en 16mm. no en digital, lo que suele eliminar los matices.

En las pantallas de los ordenadores de la nave espacial vemos imágenes de la Tierra.

Tres imágenes: un partido de rugby al azar, un viejo documental y una película casera. El documental es un extracto de En la tierra de los cazadores de cabezas, dirigida por Edward S. Curtis en 1914, hecha con la participación de los indios kwakiutl de la isla Vancouver en Canadá. Curtis dedicó su vida a conservar el recuerdo de las tradiciones indias que estaban a punto de desaparecer. A él le debemos la famosa enciclopedia fotográfica The North American Indian. Escogí una escena en la que vemos a unos cuantos indios reunidos alrededor de una hoguera para un funeral. Para mí, no es una imagen de piedad, compasión o nostalgia sino de tristeza extrema. ¿Qué ha sido de ellos? ¿Debajo de qué agujero de conejos fatal desaparecieron? Nunca se lo pregunté a Jim Jarmusch, pero estoy seguro que Dead Man rendía homenaje a la obra de Curtis. Hay también una película casera de mi sobrino en la playa, saltando entre las olas. Y luego la emisión por televisión de un partido de rugby. Estos tres grupos de imágenes, pixeladas por los ordenadores de la nave espacial, son como archivos de tiempos pasados que nunca volverán.

¿Tenías algunas referencias, algo que te inspirara?

No tenía ninguna película de ciencia ficción reciente en la mente. Creo que todas tienen el mismo lustre NASA: demasiado bonitas, civilizadas, higiénicas, Kens y Barbies flotando en naves espaciales que parecen juguetes de niños. El gran problema en cuanto a referencias es por supuesto 2001: Una odisea del espacio de Stanley Kubrick. Si decidimos contar la historia de una nave espacial que deja el sistema solar, 2001 se nos viene a la cabeza como una demoníaca caja sorpresa. Así que tienes que olvidarte de 2001 aunque esté incrustada para siempre en las células de nuestro cerebro, en nuestros cuerpos. Y también tienes que olvidarte de Solaris de Tarkovsky. Cerca del estudio donde rodamos en Alemania había un estanque con sauces llorones. Allí, pensaba en Stalker, también de Tarkovsky. Pero a diferencia de Kubrick, Tarkovsky no te bloquea la imaginación. La abre, aviva las llamas. Solaris y Stalker son mis películas amuletos de buena suerte, genios benevolentes que me protegen, me animan, me inspiran.

Cada pasajero de la nave espacial va vestido de forma parecida, en una especie de uniforme de trabajo con el número 7. ¿Por qué el 7?

El 7 es el número de la nave espacial. Es como si lo llevaran tatuado en el cuerpo. Esto implica que esta nave espacial es una más en una serie. En un momento importante de la película, la nave espacial atraca junto a otra nave espacial, la número 9, en la que los únicos supervivientes son perros –a menos de que forme parte de un experimento diferente solo para perros. Lo que realmente quería mostrar aquí es este encuentro con la animalidad, un espejo de nosotros mismos, un reto para nuestra pseudo-humanidad y el macabro destino que hemos reservado a las que llamamos mascotas. La primera criatura viva que se envió al espacio fue una perra rusa, Laika, que no sobrevivió en su regreso a la Tierra.

¿Cuáles fueron tus instrucciones para el diseño de espacios?

Mis instrucciones fueron muy sencillas. Se trata de una cárcel, una especie de casa ocupada, gris, sucia, poco iluminada. Hay un pasillo principal y celdas a ambos lados. En el piso de abajo hay un laboratorio médico, un depósito de cadáveres y un jardín en un invernadero. Estaba decidida a tener ese jardín. ¿Cómo puedes mantener la esperanza de regresar si la tierra no forma parte del viaje? Esa tierra es su Tierra, la única cosa que les recuerda que son terrestres, hombres y mujeres de la tierra. Para el laboratorio del doctor, quería la misma simplicidad, lo mínimo imprescindible: tubos de análisis, unos pocos instrumentos, una silla para exámenes ginecológicos. Nada del atrezo de ciencia ficción típico, pistolas láser, desintegradores, aparatos de teletransportación, etc. De hecho, quería evitar el infierno de los efectos especiales. Y ocurre lo mismo con la ingravidez. No es necesario tener ingravidez porque la nave espacial está acelerando casi a la velocidad de la luz. La gravedad terrestre –la gravedad en todos los sentidos de la palabra– se restablece, porque la gravedad es el efecto de la aceleración. Si hubiera tenido que filmar a actores colgando de cables en una pantalla verde, nunca habría hecho la película. Y con esta casi ausencia de efectos especiales, espero que la película tenga un “efecto especial” en los espectadores.

La forma de la nave espacial 7 no se corresponde con los criterios típicos de ciencia ficción.

Me dijeron que la nave espacial parecería una caja de cerillas. Esto realmente me hizo reír. Pero no es un antojo o un capricho. No quiero que me tomen por una astrofísica, pero aprendí que cuando dejas el espacio solar, existe resistencia cero, así que la nave espacial puede tener cualquier forma siempre y cuando esté equipada con una fuente de energía que haga que continúe moviéndose. La forma aerodinámica parecida a un misil se vuelve inútil o absurda. Así que dije que un rectángulo paralelepípedo estaba bien.

La música en la película no es típicamente intergaláctica…

No. La compuso Stuart A. Staples del grupo Tindersticks. También diseñó el sonido. He hecho varias películas con él, así que sabía que no sería la de una película épica o parecida a la pirotécnica wagneriana. La música que creó Stuart es amable, llena de sutilezas de baja frecuencia. Y al final de la historia, un extra: la canción “Willow”, ¡cantada por el propio Robert Pattinson!

Rodaste en Alemania, en Colonia. ¿Te influenció?

Sí, tuvo un efecto en mí. Por varios motivos. Antes que nada, porque me trajo recuerdos. Para mí, siempre existirá Berlín y El cielo sobre Berlín de Wim Wenders de 1986. Fui su ayudante principal. Por otro lado, una docena de años más tarde rodé 35 Rhums en Lübeck, en Schleswig-Holstein, la ciudad de Thomas Mann, donde su abuelo tenía su casa, donde se ambienta Los Buddenbrook. Lübeck es también la ciudad de Günter Grass. Así pues, es laden. Y no lejos de Lübeck, las ciudades a lo largo del Mar Báltico, tranquilas a la vez que violentas Entiendes por qué pone a la gente, y no solo a escritores, al límite. Pero Colonia es diferente a Berlín o Lübeck. Es Rhineland, así que es el Rin. Nuestro hotel estaba en la plaza, cerca de la estación y la catedral. Allí me sentía como en casa. El ir y venir constante de los trenes era tranquilizador. En Colonia existen dos tipos de estudios: uno enorme donde rodó Jarmusch, y otros más pequeños en los que Lars von Trier hizo algunas de sus películas. Es mejor estar en un estudio pequeño para una película que quería que fuera íntima. Y el estudio estaba en un barrio semi-industrial. Dentro del recinto había una casa vieja y árboles. Era una mezcla curiosa con un extraño encanto. Y Fassbinder escogió Colonia para su increíble miniserie Ocho horas no hacen un día. Debo haber tenido todo esto en la cabeza. También, en Colonia encontré a coproductores como Pandora Films que confiaron en mí.

La sexualidad está muy presente en HIGH LIFE pero se aborda de forma fúnebre…

Sexualidad, no sexo. Sexualidad, no pornografía. En la cárcel, la sexualidad normal no es posible. Pero si la cárcel es también un laboratorio destinado a perpetuar la especie humana, la sexualidad se vuelve incluso más abstracta, si solo se trata de reproducir. Si los hombres solo tienen que guardar su esperma para el doctor… sí, tienen que correrse, pero para la ciencia. Durante el rodaje empecé a leer “Las Confesiones de la Carne”, el libro cuatro de La historia de la sexualidad de Michel Foucault que aborda, entre otros casos, el matrimonio y la virginidad. Antes del cristianismo, el matrimonio tenía una finalidad: la procreación. La sexualidad tiene que ver con fluidos. Tan pronto como empezamos a notar la sexualidad, sabemos que todo tiene que ver con fluidos: sangre, esperma, etc. Pensé que si quería que funcionara este subtexto de fluidos teníamos que reducir el acto sexual a la masturbación, más o menos clínicamente asistida por el “Fuckbox” equipado con un consolador para la Dra. Dibs, al que se entrega por completo, pero en la soledad total. Esta escena es, en parte, oscura e inútil, ¿no te parece? El intento de la doctora de llegar al orgasmo sola con su cuerpo herido se da milagrosamente en la interpretación de Juliette Binoche. Toda la fuerza está en su espalda, que filmé como una odalisca, con las preciosas líneas de las caderas y el trasero. Más tarde, por la noche, Juliette va a robar el esperma de Robert Pattinson, que está abatido por los somníferos. Se trata de un robo. Y claramente de una violación. Pero vemos a Robert jadeando, comatoso pero sin quejarse de dolor. Me prohibí a mí misma cualquier escena de desnudo. Lo hicimos de otra manera. Para mí, la escena más erótica es cuando un joven interno se masturba mientras mira cómo Juliette se seca el pelo delante de una salida de ventilación. HIGH LIFE habla solo de deseo y de fluidos.

¿El deseo y la soledad son el tema principal?

Más o menos. Pero, sobre todo, y debo insistir en ello, HIGH LIFE no es una película de ciencia ficción incluso si hay dosis saludables de ficción –y de ciencia gracias a la valiosa participación del astrofísico Aurélien Barrau, especialista en física de astropartículas y agujeros negros. La película se desarrolla en el espacio, pero está muy anclada en la tierra.

¿Cómo resumirías la película?

¿Resumirla? No es nada fácil. Se trata de la historia de un hombre solo en el espacio para el resto de su vida, con un bebé, seguramente suyo, que se convertirá en una joven y finalmente en su femme fatale, si alguna vez toma la decisión –esta especie de caballero, ese Perceval, ese explorador de otra historia– de romper su voto de castidad. Esto es lo que pasa al final de la película cuando la joven –que no tiene a ningún otro hombre a mano, que ni siquiera sabe que este hombre es guapo porque nunca ha tenido la oportunidad de compararlo con alguien más– da el primer paso. Quería que al final los dos estuvieran de pie como ante el altar contrayendo matrimonio. El “Sí” de la joven es como el “Sí, quiero” de la novia. Nos estamos acercando al planeta prohibido, el tabú absoluto. Una chica es también una mujer. El incesto es la búsqueda de lo máximo en sexo, porque está prohibido. “No necesitamos a nadie más”, dice la chica. Se trata de una película sobre la desesperación y la ternura humana. Sobre el amor, a pesar de todo.

 

Entrevista a cargo de Gérard Lefort

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