Martes, 10 Diciembre 2019
Medipress

Los muertos no mueren

Mar, 02/07/2019 - 01:39
Comedia de terror sobre los hábitos y deseos de los estadounidenses

En la apacible localidad de Centerville pasa algo raro. La luna vigila permanentemente sobre la línea del horizonte, las horas de luz solar se están volviendo impredecibles y los animales han comenzado a comportarse de manera extraña. Nadie sabe por qué. Los informativos de televisión son desconcertantes y los científicos están preocupados. A pesar de todo, nadie es capaz de prever la mayor y más extraña invasión que pronto comenzará a sacudir Centerville: los muertos ya no están muertos. Se alzan sobre sus tumbas y atacan salvajemente a los vivos para devorarlos; y los lugareños, que hasta el momento creían vivir una vida apacible, se ven obligados a luchar para sobrevivir.

El director y guionista Jim Jarmusch (Paterson, Gimme Danger) regresa con una comedia de terror plagada de estrellas y protagonizada por un reparto de habituales colaboradores (Bill Murray, Adam Driver, Chloë Sevigny, Tilda Swinton, Iggy Pop, Steve Buscemi, Tom Waits) y nuevas incorporaciones (Selena Gomez, Danny Glover, Caleb Landry Jones, Carol Kane). Los muertos no mueren es una estridente, descorazonadora y satírica visión de los hábitos y los deseos de los estadounidenses cuando llega el fin del mundo, un parte de estado de la nación tan desternillante como aterrador y en un original formato cinematográfico.

Jarmusch comenzó a plantearse escribir un guion para una película de zombis hace años, antes de rodar Paterson, su drama cómico de 2016 sobre un conductor de autobús poeta de Nueva Jersey, interpretado por Adam Driver. El director y guionista ya es todo un experto en subvertir géneros cinematográficos, tras rodar un psicodélico western (Dead Man), una película samurái de gánsteres (Ghost Dog, el camino del samurái), una película de acción existencialista (Los límites del control), una comedia romántica muy particular (Flores rotas) y una comedia de vampiros bohemios ambientada en Detroit y Tánger (Solo los amantes sobreviven), también protagonizada por Swinton.

Jarmusch eligió poner su sello creativo en un tema que se ha convertido en omnipresente en la cultura popular: solo en 2014 se estrenaron nada menos que 55 películas o series de televisión relacionadas con zombis. «Mientras que los vampiros son criaturas seductoras, los zombis por sí mismos, al ser seres subhumanos, no resultan tan interesantes», explica Jarmusch. «Sin embargo, toda historia de zombis es en alguna medida una metáfora, porque representa la conformidad humana o alguna otra tendencia; entidades andantes sin alma».

Durante el rodaje de Gimme Danger, su documental de 2016 sobre Iggy & The Stooges (Iggy vuelve a reencontrase con Jarmusch en LOS MUERTOS NO MUEREN interpretando a un zombi obsesionado con el café), el cineasta y sus productores se fijaron en la cantidad de personas que andaban como zombis con la vista fija en su móvil por las calles de Miami; peatones aislados de todo cuanto los rodeaba, y absortos en la pantalla de su smartphone, cruzando como sonámbulos calles e intersecciones. La idea arraigó cuando Jarmusch comenzó a escribir tras finalizar simultáneamente Gimme Danger y Paterson, planteándose el siguiente interrogante: ¿y si los muertos volvieran a la vida obsesionados por lo mismo que les preocupaba cuando eran personas normales y corrientes?

«Estamos apegados a cosas del mundo material, y todos somos zombis de un modo u otro. No parece muy peregrino pensar que anhelaríamos justo lo mismo si pudiéramos resucitar», dice Carter Logan, productor desde hace años de Jarmusch y compañero de su grupo musical, SQÜRL, que ha colaborado con el guionista y director en la atmosférica banda sonora de LOS MUERTOS NO MUEREN. «Hacía mucho que Jim no escribía una comedia deliberada y, aunque hay cierto nivel de humor físico en la película, emplea convenciones del género de terror para reírse de la absurdez de los tiempos que vivimos. Estamos ante un Jim que vuelve a hacer cine de género, convirtiendo la película de zombis que tenía en la cabeza en una visión única de lo que podría ser una comedia de zombis».

Swinton añade: «Todas las películas de zombis son sobre seres humanos, y por eso nos encantan. Van de catástrofes, de gente que siente que está al límite y que nada puede ir a peor, y luego resulta que sí. Para eso son las películas de terror, y a los fans nos gustan precisamente por eso. Es genial imaginarnos a los muertos vivientes, y luego levantarnos por la mañana y recordar que era solo una película o un mal sueño».

La propia afición de Jarmusch por los zombis se remonta a los primeros clásicos del terror, como la película de 1932 La legión de los hombres sin alma, con Bela Lugosi en el papel del maestro vudú haitiano Legendre, que transforma a una joven en una muerta viviente en lo que se considera la primera película de zombis. También siente debilidad por Yo anduve con un zombie, una película de 1943 de serie B dirigida por Jacques Tourneur, que trata de zombis esclavos en una remota isla caribeña sin voluntad para hacer nada por sí mismos; un inquietante reflejo de la vida humana durante una guerra mundial, en la que resuena el mensaje fatalista del fin sin retorno de la humanidad que destila LOS MUERTOS NO MUEREN.

Pero es la impactante La noche de los muertos vivientes de George Romero, 1968, la que de verdad inspiró a Jarmusch durante casi todo el proceso de escritura y rodaje de su último largometraje. Los espectadores más observadores de LOS MUERTOS NO MUEREN vislumbrarán numerosas referencias y guiños al clásico de terror estadounidense de bajo presupuesto, que ha cobrado vida propia con el paso de los años, pasando de ser un proyecto independiente de baja estofa a tener un amplio espectro de lecturas, desde alegoría social de la era de Vietnam y de los derechos civiles a una metáfora del capitalismo y consumismo de estos últimos años. La película original en blanco y negro, con un presupuesto de 114 000 dólares, también pasó a ser la primera vez en la que los zombis devoraban a sus víctimas en pantalla, con las aterradoras implicaciones socio-políticas que conllevaba. Y ahora vivimos tiempos tumultuosos que, de nuevo, están devorando nuestra existencia.

«La noche de los muertos vivientes es una película brillante realizada con limitaciones increíbles, y hacemos referencia a ella con múltiples pequeños detalles y referencias que los más observadores sabrán distinguir», asegura Jarmusch, destacando el Pontiac Le Mans de 1968 que conduce en la película Selena Gomez, que es exactamente el mismo vehículo que vemos en el debut de Romero, hasta el más mínimo detalle de la pintura personalizada. «En nuestra película, como en Amanecer de los muertos, la secuela de Romero de La noche de los muertos vivientes, los zombis vuelven a los lugares y las cosas que les obsesionaban cuando estaban vivos, e intentan aferrarse a lo que más valoraban. Me intrigaba la idea de humanos reanimados que funcionasen como organismos de voluntad única, caníbales que devoran carne y cerebros, pero sin mucha razón de ser más allá de eso».