Los hermanos Sisters

Jue, 09/05/2019 - 13:52
Al Este del Western

Por Jesús Palacios

Si consideramos el western como un género que se define a través de la situación espaciotemporal de sus personajes y argumentos, no cabe duda de que Los hermanos Sisters, tanto la novela original de Patrick deWitt como la versión cinematográfica de la misma que ha firmado el siempre brillante Jacques Audiard, es un western: su acción transcurre a lo largo de un viaje por el territorio de Oregón hasta California, en plena fiebre del oro, hacia 1851. Sus protagonistas son dos asesinos a sueldo, dos pistoleros contratados por el poderoso Comodoro para eliminar a un buscador de oro muy especial, a quien quiere robar su singular fórmula química para encontrar con precisión y facilidad el dorado mineral en el lecho de los ríos californianos. En definitiva, tanto el escenario histórico como el reparto de personajes resultan típicos y hasta tópicos del género... Pero si, por el contrario, consideramos también el western como un conjunto de reglas narrativas y estructuras míticas más o menos codificado que, pese a haber sido ya en numerosas ocasiones deconstruido y dinamitado desde dentro sigue resistiendo heroicamente en sus elementos básicos, quizá Los hermanos Sisters ya no sea tanto un western como una suerte de agridulce reflexión ética, entre la comedia, el drama y la picaresca, en torno tanto a la naturaleza humana en general como en torno al propio ejercicio cinematográfico del género. En este sentido, Audiard, pese a suavizar algunos aspectos del libro –sus hermanos Sisters son algo menos violentos y cínicos que los del escritor- permanece fiel al aliento posmodernista del mismo, más cerca de Richard Brautigan que de Oakley Hall, por mucho que fuera finalista del premio Walter Scott de novela histórica en 2012.

Hubiera sido sencillo adaptar la ya de por sí cinematográfica obra original a la manera tarantiniana o de un Guy Ritchie, aprovechando sus diálogos chispeantes e irónicos y su ultraviolencia seca y no menos irónica, pero Audiard, francés él, prefiere llevar incluso más lejos su perversión del género hollywoodiense por excelencia y no sólo filma los tiroteos y escenas de acción con oscuro –literalmente hablando- distanciamiento, sino que desdramatiza por completo duelos y desafíos, para centrarse en las historias paralelas de los dos hermanos marcados por su violento pasado familiar y de los dos peculiares prospectores que quieren destinar sus hallazgos auríferos a la construcción de un falansterio en plena Texas. El resultado de la aventura es, por supuesto, desastroso, pero también aleccionador, y Los hermanos Sisters se convierte en manos de Audiard en un cuento moral sobre la violencia, la ambición y la avaricia, un nuevo Tesoro de Sierra Madre con matices vagamente ecologistas, tono menos trágico que amablemente burlón, y final redentor sin mesianismos, que se despliega con elegancia frente al espectador cautivado por sus protagonistas, prodigiosos John C. Reilly (quien comprara los derechos de adaptación del libro) y Joaquin Phoenix, por la exquisita banda sonora de Alexandre Desplat, extrañamente apropiada para las cabalgadas por las grandes llanuras de un Oeste americano que, en cierto modo, no puede estar más alejado del western tal y como lo conocíamos. Pero quizá sea esa también la gloria del género, incluso en esta su época de decadencia como discurso dominante: su infinita plasticidad para ofrecernos toda suerte de historias, metafóricas y literales, sobre la condición humana, a través de un escenario y un tiempo históricos concretos a la vez que de una mitología universal, más allá y más acá del tiempo y el espacio.