Domingo, 23 Febrero 2020
Medipress

Las aventuras del Dr. Dolittle

Jue, 23/01/2020 - 13:51
El Dr. Dolittle... supongo

Por Jesús Palacios

Es de temer que varias generaciones de niños hayan crecido creyendo que el Dr. Dolittle es un personaje de comedia familiar americana, interpretado por el carismático Eddie Murphy, cuya ficticia hija, Maya (Kyla Pratt), sería protagonista a su vez de tres de las cinco películas de una insospechadamente longeva saga iniciada en 1998 (eso sí, estrenadas ya las tres últimas directamente en DVD). Pocos, salvo los muy cinéfilos o nostálgicos, recordarán la película El extravagante Dr. Dolittle (1967) de Richard Fleischer, un malhadado musical para todos los públicos que contribuyó con su espectacular fracaso a la caída del Viejo Hollywood y que pese a la presencia de Rex Harrison difícilmente resulta rescatable hoy día, más allá del puro camp. Pero lo que prácticamente nadie recordará es que detrás de todo esto se encuentra una serie de maravillosos libros –doce en total- escritos por el ingeniero británico Hugh Lofting (1886-1947), quien mientras las pasaba canutas durante la Primera Guerra Mundial, donde resultaría gravemente herido, se entretenía enviando a sus hijos cartas en las que detallaba los ficticios, fantásticos y absurdos viajes y aventuras de un doctor de la Inglaterra victoriana con el don de comprender el lenguaje de los animales, lo que le convertía en médico ideal para los mismos, llevándole a vivir peripecias a cual más delirante y divertida. Convertidas en libro y acompañadas por las no menos excelentes ilustraciones del propio Lofting, estas historias llenas de humor absurdo, imaginación y amor por los animales, se transformarían en todo un clásico de la mejor literatura infantil y juvenil para todas las edades, consiguiendo galardones tan señalados como la Newbery Medal –algo así como el Oscar o el Nobel de la literatura infantil- o el Lewis Carroll Shelf Award. En España, los novelas del Dr. Dolittle se publicaron en bonitas ediciones encuadernadas a raíz del estreno de la película de Fleischer, que aunque desafortunada no dejaba de ser una bastante fiel traslación a la pantalla del universo de Lofting, lo que no puede decirse en absoluto de la saga iniciada por Eddie Murphy, que sólo toma del personaje el nombre y la idea de su capacidad para comunicarse con los animales, convirtiéndose así en su médico de cabecera.

Por todo esto, más allá de sus virtudes o defectos, conviene congratularse por la nueva versión que de Las aventuras del Dr. Dolittle ha dirigido Stephen Gaghan a mayor gloria de Robert Downey Jr., quien no contento con encarnar a Sherlock Holmes, se convierte ahora en un histriónico pero irresistiblemente simpático Dolittle para, magia digital e infográfica mediante, devolver el personaje a su época y fantásticas aventuras originales, lo que, sin duda, sorprenderá a muchos de quienes creían que el médico de los animales era un doctor negro del San Francisco de finales del siglo XX, además del protagonista de un videojuego para PlayStation 2 no demasiado popular.

La lección más provechosa que sacarse puede y debe de este inesperado retorno del genuino Dr. Dolittle victoriano a las pantallas, en pleno siglo XXI, es que todavía quedan muchos personajes e historias que rescatar para un panorama cinematográfico que a menudo se nos aparece repetitivo, agotado y agotador. En lugar de reiterar hasta la saciedad los mismos superhéroes y sus poco originales orígenes, de abusar del remake indiscriminado y criminalmente poco imaginativo, así como de precuelas, secuelas, inter-cuelas, spin-offs, cross-overs y tie-ins, bastaría con mirar a un pasado desaprovechado, olvidado o traicionado para encontrar un montón de historias, personajes e ideas sorprendentes y paradójicamente novedosas, que además y aunque fuera por accidente, contribuirían a mantener viva la memoria de sus creadores. Del mismo lugar del que ha venido el Dr. Dolittle podrían venir los Borribles de Michael de Larrabeiti, el Taran de Lloyd Alexander, el Doneval de Dunstan Martin o, puestos a revisar, la auténtica Bruja Novata de Mary Norton o la Mary Poppins original de Pamela Travers, y quienes estamos hartos de universos infinitos e infinitamente aburridos, pero no de aventuras espaciales, no le haríamos asco alguno a una buena adaptación de Jack Williamson, Doc Smith o Jack Vance. En verdad, ni siquiera tenemos un Tarzán en condiciones y a una nueva entrega de, por ejemplo, el Dr. Extraño preferiríamos ese Mandrake el Mago con el que soñara Fellini. Si bien mucho me temo que debe ser más fácil entenderse con los animales que convencer a los ejecutivos de Hollywood de probar algo nuevo... aunque sea por viejo y bien probado.