Domingo, 23 Febrero 2020
Medipress

La guerra de las corrientes

Jue, 09/01/2020 - 14:27
Épica eléctrica

Por Jesús Palacios

A finales del siglo XIX y comienzos del XX surgió todo un género –o subgénero- de aventuras fantacientíficas al que tiempo después algunos historiadores de la ciencia ficción darían el nombre de Edisoniada (Edisonade, en inglés). Junto a su fama, éxito, gloria y cierta aura de misterio, Thomas Alva Edison (1847-1931), considerado “inventor” de la bombilla, así como del fonógrafo, el kinetoscopio, la cámara de cine, el fluoroscopio y otro montón de innovaciones técnicas que también supo explotar y convertir en fuente de ingresos, había adquirido a través de prensa y admiradores el estatus de un auténtico héroe nacional e incluso universal. Este Edison mítico, más próximo al arquetipo de Prometeo o del mismo Apolo que a cualquier ser humano, encarnaba el ideal del Inventor con mayúscula, entregado en cuerpo y alma a la idea de Progreso, luchando denodadamente por llevar la Luz –metafórica y literalmente- a todos los rincones del planeta, para sacarlo de la Oscuridad y la Ignorancia. Con su propio nombre, Edison protagonizó desde novelas decadentes y extravagantes como La Eva futura (1886) del francés Villiers de L´Isle-Adam hasta series de ciencia ficción pulp como Edison´s Conquest of Mars (1898) de Garrett P. Serviss e incluso el poeta vanguardista checo Vitezslav Nezval le dedicó un largo poema épico en 1930. Otros personajes surgieron a su imagen y semejanza, para solaz y ejemplo de los más jóvenes: Frank Reade, Tom Edison Jr., Jack Wright, Electric Bob o el más popular Tom Swift, que hizo su primera aparición en 1910 y sigue protagonizando nuevas aventuras a día de hoy. Las primeras biografías de Edison, así como las primeras películas basadas en su vida (El joven Edison y Edison, el hombre, ambas de 1940 e interpretadas por Mickey Rooney y Spencer Tracy respectivamente), eran más bien hagiografías que otra cosa, pero eso iba a cambiar radicalmente en los años 60 del siglo pasado, cuando la Contracultura, con su pasión por los perdedores, los antihéroes y las conspiraciones, redescubriera y mitificara la figura de Nikola Tesla (1856-1943), un empleado despedido por Edison quien, a su vez, fuera también todo un genio visionario e innovador, aunque con mucha menos suerte y talento emprendedor.

En un mundo donde el capitalismo es el gran villano universalmente reconocido, reina la conspiranoia y se adora la figura del gran perdedor americano, Edison el empresario ha devenido el Mal, mientras Tesla se ha convertido en icono beatífico, mesías pop y maldito a la manera de Charles Fort, Aleister Crowley o Timothy Leary. Por supuesto, nada es tan sencillo. La guerra de las corrientes, el excelente filme firmado por Alfonso Gómez-Rejón, si bien se toma algunas inevitables libertades, posee el inmenso acierto de no dejarse arrastrar por maniqueísmo alguno, para resucitar con ritmo, montaje y estética tan contemporáneos como trepidantes un episodio crucial de la historia de la ciencia y la tecnología: la lucha por el predominio de la Corriente Alterna o la Corriente Continua para la comercialización e industrialización de la electricidad. Una batalla que no sólo tuvo por protagonistas a Edison y Tesla, sino sobre todo a George Westinghouse y a científicos e ingenieros como Samuel Insull o Franklin Pope, y que Gómez-Rejón recrea con luces y sombras, mostrando a seres humanos más grandes que la vida pero plagados también de defectos, debilidades y vicios. Capaces de lo mejor y de lo peor.

Sin retornar a las epopeyas imposibles de las Edisoniadas, La guerra de las corrientes comparte sin embargo con aquellas lejanas obras su aliento épico de largo recorrido,  reconociendo el papel del excéntrico Tesla pero sin dejarse llevar –para disgusto de conspiranoicos varios- por las mixtificaciones delirantes de algunos supuestos historiadores, más cerca de Cuarto Milenio de lo que sería deseable, para erigirse así en gran espectáculo de época renovado, narrado con vivacidad eléctrica y poderío audiovisual, con un reparto soberbio y sin caer en la banalidad formal de tantos biopics actuales ni en el tópico maniqueo al que tan fácilmente podría haberse acogido.

 

La guerra de las corrientes

Por Julio Tovar

AC/DC

En los últimos años han aparecido thrillers que podríamos llamar capitalistas: La Red Social, El Capital o la seminal El Lobo de Wall Street. Todas ellas aplicaban un ritmo entre filme deportivo y trama detectivesca, aportando interés a algo tan relativamente poco atractivo como las guerras empresariales. El director David Fincher ha creado un modelo que utiliza esta curiosa película sobre los pioneros tecnológicos de la electricidad cuya rivalidad echó, literalmente, chispas…

Este filme de Alfonso Gómez-Rejón, realizador con experiencia en la televisión, es una aceleradísima, frenética, pieza fílmica construida en torno a un excelente montaje. ¿La historia? Literalmente un docudrama quizá un tanto teatralizado sobre la guerra de patentes tecnológicas entre el inventor Thomas Edison y el potentado George Westinghouse. El descubrimiento de la bombilla, idea genial de Edison, no le dio el monopolio en los Estados Unidos de la red eléctrica, la cual hubo de disputar en feroz batalla a Westinghouse.  Entre estos dos potentados, llenos de ego y ambición, un joven científico de origen serbio de nombre todavía desconocido: Nikola Tesla.

Película de atracciones, que casi reconstruye más de treinta años de historia americana en apenas 107 minutos, se apoya en unos excelentes actores, Benedict Cumberbatch y Michael Shannon, y una trama densa aún comprensible. Aunque la narración jamás es aburrida, tiene un trabajo de montaje admirable, a la historia y las relaciones les falta cierto reposo lírico para dar mayor alcance a personajes tan controvertidos como interesantes.

Quizá fuera de tiempo, el filme se acabó en 2017 pero se paralizó por el caso Weinstein, es una buena historia de ambición, con cierta pericia narrativa y qué merece sin duda un visionado por la novedad del tema. ¿Quién podría pensar que una guerra de sobre patentes podría dar uno de los thrillers más frenéticos de todo este año?