Sábado, 17 Noviembre 2018
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Guillaume y los Chicos ¡A la Mesa!

Mié, 26/03/2014 - 01:45
Otra agradable y divertida comedia francesa

Por Alberto Quintanilla 

No debería sorprender a estas alturas que el cine francés siga dando alegrías en las salas de cine, especialmente cuando se trata de contar historias distintas, frescas, con ingenio y capaces de dibujarnos una sonrisa. La famosa Intocable marcó una especie de antes y después en el humor francés, exportable a otros países. Ahora llega Guillaume Y Los Chicos ¡A La Mesa!, otro ejemplo de comedia divertida, que además es igual o más valiente que la citada. La opera prima de Guillaume Galliene, actor curtido en teatro a través de la Comedia Francesa, deja un excelente sabor de boca. Galliene dirige y de paso se mete en la piel de un joven cuya relación con su madre es demasiado especial. Tiene dos hermanos pero a él siempre le cuidaron y trataron de forma más delicada. Todos en su familia creen que es gay debido a su amaneramiento y parece que le toca salir del armario. Él asume ese estatus sin conocer realmente si su verdadera identidad sexual es ésa, porque en realidad se considera una mujer que gusta a los hombres. Todo un caos de identidad que sirve para que el personaje divague y viva situaciones de toda clase. Las peripecias que acontecen en la cinta, especialmente las que tienen lugar en un balneario de masajes, son desternillantes en su mayoría. La asistencia a un internado y las visitas a terapeutas añaden confusión y desorden.

Estamos ante una película que no oculta su aura teatral y bebe del texto representado en escenarios en París por el mismo actor. El mayor reto es que Guillaume Galliene interpreta al protagonista y a su propia madre, destacando en ambos papeles con gran peso. Diez nominaciones a los Cesar en Francia la avalan como una de las más fuertes apuestas del país galo en el último año. En Francia ha sido vista por 2,4 millones de espectadores. Ahora le toca el salto a otros lugares europeos.

 

Guillaume y los Chicos ¡A la Mesa!

El Mercurio de Francia

Por Jesús Palacios

La búsqueda de la identidad, más aún si se trata de la identidad sexual, y más aún si esta identidad sexual es esquiva y no se corresponde, aparentemente, con nuestra naturaleza física y biológica, es un tema recurrente para el drama y la tragedia… Lo es menos para la comedia que, sin embargo, tal y como demuestra Guillaume Gallienne en su pequeña obra maestra, es sin duda el medio más idóneo para abordarlo y desbordarlo, sobre todo, si se es capaz de romper, precisamente, con las barreras que separan artificialmente géneros –sexuales y narrativos-, para proponer un juego mercurial en el que las apariencias engañan y los papeles asignados tanto por la sociedad, como por la naturaleza o por el arte, se intercambian entre sí, se desdibujan, reconforman y alternan, en un tragicómico, alegre y melancólico pase de modelos, en el que todos somos espectadores y espectáculo. Protagonistas y reparto. Guillaume Gallien, de la Comédie-Française, triunfó en el 2008 con su espectáculo teatral Les Garçones et Guillaume, à Table!, donde se interpretaba a sí mismo y a su madre, en un tour de force que convertía el monólogo a dos voces en obra de arte esquizofrénica y genial. Pocos años después, ha convertido la obra en su debut como realizador cinematográfico, volviendo a conquistar a crítica y público con un filme complejo, irresistiblemente divertido y triste, emotivo y brillante, dominado, naturalmente, por su presencia mercurial y bipolar, pero que va más allá, mucho más allá, de la mera adaptación del escenario a la pantalla.

Guillaume Gallien no es solo un actor virtuoso, sino un malabarista que roza la magia y en alas de su alegrepsicodrama sexual, juega también con los límites de loteatral y lo cinematográfico, de lo biográfico y lo imaginario,de la realidad y la ficción. Su Guillaume es y noes Gallien, su película es y no es su obra teatral. Proscenio y patio de butacas se diluyen en las posibilidades espaciales del cine, en un juego de espejos malicioso, lleno de ingenio, que traspasa los géneros y las especias tradicionales, reconvirtiendo la narración del autodescubrimiento de su proteico protagonista en una narrativa a su vez proteica, donde cabe todo, junto y a la vez: la comedia descarada, al borde de la vulgaridad más divertida; el bildungsroman irónico y posmoderno, comentario de sí mismo; la confesión desnuda, sincera y desamparada; la parodia y el guiño; pero, sobre todo, la inteligencia de un hábil constructo cinematográfico que, sin pretensiones ni pesadez, sin ataduras ni complejos, como su propio intérprete, guionista y autor, víctima y ejecutor, resulta mucho más cautivante y fascinador que tantos ejercicios meta-cinematográficos de última hornada, que acaban por hastiar y desconectar con el espectador.

Guillaume Gallien, redescubriendo la naturaleza teatral del cine, traviste el teatro en pura creación cinematográfica, al igual que se traviste a sí mismo, cambiante, iconoclasta y amablemente rebelde, para descubrirnos una identidad que no es tal –que es porque no es-, porque se niega a los cauces fijados y prefijados por la sociedad, por la naturaleza o por sus vocales autoproclamados. Su personaje, que son dos, que son todos, que somos todos, es una perfecta encarnación de la esencia mercurial del espíritu humano libre, y, como bien dicen los franceses, a chacun selon ses besoins.