Viernes, 22 Marzo 2019
Medipress

El vicio del poder

Jue, 10/01/2019 - 11:23
Cazador blanco, corazón negro

Por Julio Tovar

Conocemos al director Adam McKay por su trabajo como guionista en Saturday Night Live; bastión de la comedia progresista en EE.UU. Aunque muchos escritores emergentes han triunfado gracias al programa, pocos han podido dar el gran salto al cine como realizadores. Esto paso sí lo ha dado McKay gracias al el éxito La gran apuesta hará tres años. Ahora vuelve con un filme entre la comedia y la biografía dedicado a alguien tan discutible como el político republicano Dick Cheney.

Nos encontramos, como en el caso de su anterior obra, con un manifiesto político disfrazado de comedia. Mucho más cohesionada que “La gran…”, McKay opta por inmortalizar a Cheney como un frío y maquiavélico tipo sin piedad. Desde sus inicios como pendenciero borrachín a su conversión en un Kissinger posmoderno en los años 90, el retrato es implacable y muestra escasa empatía por un hombre para el cual los medios importan poco si se consigue el fin. En este devenir de una vida con más sombras que luces, Christian Bale embutido en capas y capaz de maquillaje consigue hacer creíble a un Cheney más allá del bien y el mal.

Película con un sesgo pronunciado, con el que puedan sentirse atacados dos o tres biografiados, es una reconstrucción de un animal político con ciertos toques de comedia. Estos aligeran la trama y el sesgo, quizá demasiado marcado aún sin llegar a los filmes manifiesto de Michael Moore. A pesar de esto por ciertos juegos humorísticos, por un notable juego narrativo avanzado el filme y por su divertido y sagaz epílogo -admirable, conociendo el sesgo de la obra-, resultan un gran paso respecto a la mucho más torpe La gran apuesta.

Habrá que ver, con todo, si McKay logra en sus próximos filmes una visión más nihilista: medio Estados Unidos juzgará esta película con muy malos ojos.