Lunes, 21 Octubre 2019
Medipress

De tal Padre, tal Hijo

Vie, 29/11/2013 - 09:40
La fuerza de los lazos de sangre

Por Alberto Quintanilla 

El realizador nipón Hirokazu Kore-Eda sigue empeñado en retratar con maestría el mundo de la infancia, como ya hiciera en otras magníficas cintas de su filmografía: Nadie Sabe, Still Walking o la más reciente Kiseki. Aunque también fue el creador de películas como Hana o Air Doll, es en las tres primeras citadas donde más similitudes se perciben con respecto a De Tal Padre, Tal Hijo, su nueva propuesta. Podría decirse que nadie es tan capaz de rodar con niños y el papel que éstos desempeñan en las relaciones familiares como lo hace Kore-Eda. Ryoata, un arquitecto cuya única obsesión en la vida es trabajar, vive con su mujer e hijo de seis años de edad, en un acomodado barrio de Tokio. Una llamada del hospital le arroja una noticia estremecedora: su hijo fue intercambiado al nacer y el niño al que ha criado con tanta devoción y disciplina no es suyo. El realizador detalla con profunda naturalidad la compleja interrelación entre Ryoata y su mujer con la pareja, mucho más humilde y descuidada, que a la postre son los padres verdaderos del niño. Ellos han criado por su cuenta al hijo real del arquitecto y su esposa, también sin saberlo. ¿Deberían sus progenitores modificar la vida de los pequeños e intercambiarles para mantener la vinculación de la sangre? Las diferencias económicas y sobre todo vitales de las dos parejas se muestran para que el espectador compruebe, a través de los ojos del protagonista, que la forma de encarar la vida como padre va más allá de la ficción que rodea el dinero y el éxito laboral. Un niño necesita de la compañía de un padre, y puede existir una vinculación mucho más allá de los lazos de sangre que se tenga con él.

De Tal Padre, Tal Hijo se hizo con el Premio Internacional del Jurado del Festival de Cannes y llegó a la Sección Perlas del pasado Zinemaldia. Obra maestra de Kore-Eda, que lleva ya unos cuantos filmes excelentes.